Soñando peregrinaciones musicales: genealogía del órgano más antiguo del mundo cristiano
Entre los testimonios materiales más relevantes para el conocimiento de la música medieval se encuentran los tubos de órgano más antiguos conservados del mundo cristiano. Descubiertos por los franciscanos a finales del siglo XIX en la Iglesia de la Natividad, su relevancia histórica fue dada a conocer al gran público gracias al trabajo del musicólogo David Catalunya, quien, tras formarse entre Barcelona, Alemania y la Universidad de Oxford, impulsó un proyecto de investigación riguroso y de gran impacto cultural.
Avances científicos del último año
«El proyecto comenzó en 2020. Tras la finalización de un inventario completo de los tubos con más de 5.000 mediciones, en el último año hemos iniciado una segunda fase basada en análisis científicos más profundos de los materiales. Originalmente, el instrumento contaba con 342 tubos (hoy se conservan 222). El proyecto adquirió una dimensión completamente nueva en mayo de 2025, cuando se descubrió que ocho tubos originales conservan todavía su capacidad sonora integral. Este hallazgo supuso un punto de inflexión fundamental, ya que el objetivo inicial era reconstruir el sonido a través de copias experimentales, mientras que ahora es posible escuchar directamente el sonido de los tubos originales y compararlo con el de las réplicas, tanto desde el punto de vista material como sonoro. Esto convierte al instrumento en el más antiguo de Europa que conserva parte de su sonido original, un hecho extraordinario», explica Catalunya, «como si estos tubos fueran una capsula del tiempo».
El descubrimiento fue posible gracias a una metodología que combina investigación arqueológica y experimentación práctica, siempre respetando el principio de no intervenir ni restaurar los tubos originales.
Actualmente, el proyecto no solo aspira a reconstruir un instrumento histórico perdido, sino que se ha convertido en una ventana excepcional al universo cultural, tecnológico e intelectual de la Edad Media. Su carácter es absolutamente único: los siguientes tubos de órgano conservados en Europa datan del siglo XV, lo que abre una ventana histórica de varios siglos sobre un periodo del que no se conservan restos materiales comparables. Además, este instrumento no se parece a ningún otro posterior, ya que el órgano evolucionó significativamente en los cuatrocientos años siguientes. Gracias a este hallazgo, es posible reinterpretar textos e iconografías medievales que hasta ahora no podían comprenderse plenamente.
Sobre la recreación sonora del órgano en el espacio museístico
La importancia del estudio que Catalunya ha hecho se conecta perfectamente con la intención del museo.
«La colaboración con el museo es muy estrecha y se basa en una relación de confianza mutua. Desde el momento en que llegué a Jerusalén en 2020 se estableció una conexión profunda, especialmente con fraileStéphane, quien comprendió de inmediato la importancia científica y cultural de este trabajo. Mi interés no se limita únicamente a los restos arqueológicos, sino también al proyecto museístico en su conjunto, y considero fundamental contribuir a que este patrimonio se presente al público de la mejor manera posible».
Sigue contando Catalunya: «El objetivo final del proyecto es que el sonido del instrumento pueda escucharse en el museo. Para ello, es imprescindible un estudio exhaustivo que permita comprender el instrumento, reproducirlo y hacerlo sonar en toda su plenitud». Paralelamente, se está desarrollando una auralización, es decir, un modelo acústico digital de la Iglesia de la Natividad, junto a las campanas, que permitirá integrar el sonido del instrumento reconstruido en su espacio original y recrear su sonoridad histórica.
«Se trata de un proceso de investigación complejo y fascinante. Aunque ya conocemos el sonido de algunos tubos originales de forma individual, todavía desconocemos cómo sonaba el instrumento en su conjunto. Cada nota del órgano activaba originalmente dieciocho tubos simultáneamente, un sonido que no ha sido escuchado en época moderna y que pertenece a un universo sonoro completamente distinto. La única forma de acceder a esta experiencia es reconstruir el instrumento completo y hacerlo sonar en su totalidad.
Este proyecto tiene un enorme potencial educativo y divulgativo. Tanto las escuelas como los visitantes del museo podrán experimentar el impacto de un sonido histórico de manera directa. La intención es que, a través del órgano y también de las campanas, Jerusalén pueda convertirse en un lugar de peregrinación no solo espiritual, sino también musical. El hecho de que aquí se conserve el órgano más antiguo de la cristiandad, junto con el sonido musical más antiguo de Europa, convierte a este instrumento en una auténtica reliquia viva».
Desde el punto de vista museístico, el proyecto prevé la exhibición del instrumento original junto con una réplica reconstruida, así como la posibilidad de escuchar tanto el sonido de los tubos originales como el de la reconstrucción completa, lo que permitirá comprender el órgano en toda su dimensión sonora.
Finalmente, el proyecto incluye también el estudio de las campanas, que constituyen otro hallazgo excepcional: el único carrillón medieval conservado de once campanas afinadas. Uno de los aspectos más fascinantes será analizar la relación sonora entre el órgano y las campanas, ya que ambos fueron enterrados juntos y aparecen frecuentemente representados tocando simultáneamente en miniaturas medievales.



