La vía cultural como instrumento privilegiado del diálogo
Si hay un investigador que conoce de memoria el fondo archivístico de la Custodia de Tierra Santa, es él. El profesor Bartolomeo Pirone, traductor y estudioso de numerosos manuscritos, ha entrelazado su vida con el mundo árabe y con la Custodia. Comenzó a estudiar árabe en 1955, en el colegio seráfico franciscano de Roma, y continuó su formación en Belén. Tras licenciarse en la Universidad Oriental de Nápoles, enseñó árabe en las universidades de Nápoles y Bari, colaborando con el Centro Franciscano de Estudios Orientales de El Cairo (Muski) y con Edizioni Terra Santa.
«En 1980 el padre Bellarmino Bagatti me introdujo en la literatura árabe-cristiana, junto a mi estudio de la literatura árabe clásica y contemporánea. Desde entonces me he dedicado de manera estable a este campo y colaboro con los franciscanos, hoy sobre todo con fray Eduardo, actual archivero», comparte el profesor Pirone. A través de la historia reciente, recuerda a los franciscanos que trabajaron en la traducción de numerosos firmanes, desde Girolamo Golubovich hasta Norberto Ricciani, pasando por Félix Sciad. Un firmán es un decreto oficial emanado por una autoridad soberana en el ámbito jurídico-administrativo.
EL DOCUMENTO DE IDENTIDAD DE LA CUSTODIA
Fray Eduardo Masseo Gutiérrez Jiménez, misionero mexicano, es desde hace un año el responsable del Archivo de la Custodia. Doctor en Historia de la Iglesia, durante su estancia en Roma obtuvo también el diploma en Archivística, Diplomática y Paleografía para prepararse al cuidado de este patrimonio documental. Nos ofrece una panorámica de los firmanes «La cantidad de documentos otomanos es claramente superior a la de los documentos mamelucos. Se estima que estos últimos son unos 500–600, mientras que los otomanos rondan los 2.500, o incluso más. Además, es importante distinguir dos tipologías de documentación en época otomana: por un lado, los documentos producidos directamente por el sultán y la Sublime Puerta, redactados en lengua otomana; por otro, los emitidos por el Alto Tribunal de Jerusalén, escritos en árabe».
«Estos manuscritos representan un verdadero documento de identidad de la institución, porque acompañan su evolución histórica. Documentan la adquisición y la gestión de santuarios y lugares santos —formalmente propiedad de la Santa Sede— insertos en un contexto complejo, marcado también por las relaciones con las demás comunidades cristianas locales: ortodoxos, griegos, armenios, abisinios y coptos», detalla el profesor Pirone.
AL SERVICIO DEL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO
«Gracias al Terra Sancta Museum, algunos manuscritos han sido restaurados con vistas a futuras exposiciones. En total, los documentos restaurados en el marco de estas iniciativas son cinco o seis», afirma fray Eduardo.
En el museo Art & History estarán presentes los facsímiles de tres firmanes, mamelucos y otomanos, y una Hogget —escritura legal redactada por un juez islámico— de época otomana que autorizó la restauración de la cúpula del Santo Sepulcro y de la Piedra de la Unción. El facsímil del firmán mameluco se colocará en la sala 7, «Foundation of the Custody of the Holy Land», mientras que la Hogget otomana se expondrá en la sala 8, «Guarding the Holy Places», ya que sanciona la presencia legal y las relaciones con el poder de los franciscanos en los lugares santos. Junto a ellos, otros documentos de los mismos períodos formarán parte del recorrido museográfico.
No hay duda de que estos testimonios manuscritos suscitarán el interés de los futuros visitantes, como lo demuestra la reciente visita, en octubre de 2025, de una delegación científica de Al Aqsa. Durante su estancia quedaron muy impresionados por nuestro sistema de conservación, querido por la Custodia desde la creación misma del Archivo. Se pusieron en contacto a través de la secretaría custodial y manifestaron su interés por una posible colaboración, también porque muchos de los documentos conservados fueron producidos originalmente en su propia sede.
«La visita fue acogida con gran interés y apreciaron especialmente nuestro sistema de conservación. También expresaron el deseo de una posible colaboración; muchos de los documentos del Archivo de la Custodia fueron emitidos precisamente en Al Aqsa, y existen materiales complementarios tanto en sus archivos como en el Archivo de Estado de Constantinopla. La confrontación entre estas fuentes y una colaboración archivística resultan fundamentales desde el punto de vista científico e histórico. Por eso quisiera devolver pronto la visita, espero que junto al profesor Pirone —que fue el primer cristiano en estudiar durante un año entero Ciencias Islámicas en Al Aqsa por encargo de la Custodia—. Creo firmemente que la cultura y el patrimonio que custodiamos no nos pertenecen en sentido estricto: somos herederos y administradores, y nuestra tarea es transmitirlos a las generaciones futuras en mejores condiciones de como los recibimos. La cultura abre puertas: por eso es esencial la conciencia de que compartir este patrimonio es una responsabilidad común y una visión compartida», concluye fray Eduardo.



