11 Noviembre 2019

Y tú, ¿qué trabajo hubieras hecho? Trabajar y elegir una profesión el el primer siglo de nuestra era

de MAÿLIS WOILLEZ-DE SAINT SAVIN

Sentados más o menos cómodamente delante del ordenador, que dejarán sólo al atardecer, muchos se preguntan cómo fue la vida profesional de sus antepasados. Para descubrirlo, os sugerimos no retroceder 100 años, ni siquiera 500, sino 2.000 años atrás, a los tiempos de Herodes el Grande, Jesús, y el emperador romano Tiberio.

En el siglo I d.C. los diversos oficios correspondían a la demanda, a las necesidades naturales de la población y a los pedidos públicos y privados.

Este artículo no pretende ser un análisis exhaustivo, os presentaremos sólo algunos oficios seleccionados. En primer lugar, hace 2.000 años en Judea muchos trabajos dependían de las demandas privadas y de políticos. Edificios públicos como acueductos, anfiteatros o edificios administrativos fueron construidos por soldados del ejército romano. La legión X Fretensis, ubicada en Judea en la época de Cristo, nos ha dejado muchos testimonios, incluidos estos sellos de terracota, una especie de firma en sus obras.

Los edificios privados requerían mano de obra local y experta. Herodes el Grande, rey de Judea, es conocido por haber realizado obras titánicas: palacios, fortalezas, puertos, la ampliación del Templo de Jerusalén, y la construcción de ciudades. Entre estas, Séforis de Galilea (hoy Tzipori, ציפורי) es una de sus mejores obras. La construcción de esta ciudad requirió muchos obreros y artesanos de la madera. Situada cerca de Jerusalén, la ciudad de Séforis también dio trabajo a carpinteros de nombre José y Jesús…

El carpintero, naggar en arameo, llevaba a cabo trabajos realizados en madera y era un experto en trabajos más difíciles como puertas o persinas. Estos trabajadores eran identificados por su caja de herramientas, equipada con clavos, martillos, etc…

Si nos trasladamos más hacia el oeste, llegamos a las orillas del lago Tiberiades (Lago Kinneret) entorno al cual, hace dos mil años, la actividad principal era la pesca. Los Evangelios nos dicen que Jesús vivió en un pueblo de pescadores llamado Kfar Nahum (pueblo de consuelo) y compartió la vida de hombres como Pedro, Santiago y Juan, hijo de Zebedeo. Jesús tomará mucho del lenguaje de la pesca en sus discursos y parábolas.

La pesca era una actividad útil para nutrir las poblaciones y era muy exigente. El lago estaba lleno de peces. Estos últimos seguían las corrientes cálidas para encontrar los bancos y llevar a cabo la «pesca milagrosa», tenían que ser expertos y utilizar las siguientes técnicas:

  • La jábega: una red de cuatrocientos metros de larga y cuatro de ancho, equipada con flotadores de superficie y pesos que garantizan el descenso a las profundidades del lago. Algunos miembros de la tripulación permanecen en tierra mientras que los otros, en una barca, desenrollan la red formando un anillo y regresan a la orilla para ayudar a tirar de la red capturando los peces.

  • El trasmallo: arrojada en aguas profundas desde un bote, esta red se cierra sobre los peces como una trampa y luego se remolca hasta la orilla.

  • Esparavel: una red circular de seis metros de diámetro y dotada de pesos de plomo es lanzada por un hombre a fuerza de brazo desde la orilla o una barca. Una vez llena de peces, el pescador debe zambullirse para plegar los bordes de la red y devolverla a tierra. Como este pescador se zambullía a menudo, solía estar desnudo. Esto explica lo sucedido en el pasaje de Juan 21, 7: El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «¡Es el Señor!». Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.

Para finalizar, concluiremos esta selección de oficios hablando de la educación básica y de los conocimientos que estos trabajadores tenían.

En aquel tiempo, era deber del padre educar a su hijo y enseñarle un oficio. En el judaísmo, aprender la Torá «ley escrita» y la Ley Oral era aún más importante. Las escuelas introducían a los niños en la Torá desde edades tempranas. Desde los 5 años aprendían a leer los textos sagrados, con 10 años se comenzaba a aprender la Ley Oral, para que a los 13 años pudieran dominar ambas. Esta transmisión a menudo tenía lugar en las sinagogas, lugar de encuentro de la comunidad. Las niñas no iban a la escuela, pero solían ser instruidas por sus padres.

Es casi seguro que, además del arameo cotidiano, también se hablase griego, la lengua de los negocios y el intercambio. Es probable que también Jesús hablase griego, en primer lugar, porque trabajaba en una región donde se usaba el griego (Galilea, cerca de la Decápolis) y también porque si no hubiera aprendido este idioma le habría sido difícil hablar con el procurador romano Poncio Pilato.

En conclusión, es muy probable que en los tiempos de Cristo todos supieran leer, escribir y contar. Los trabajos desarrollados no dependían de aspiraciones personales, sino que formaban parte de una continuidad familiar o respondían a una demanda (ligada a la alimentación o a los trabajos privados y públicos).

   

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