22 Octubre 2019

De la Edad Media a la actualidad: la representación artística del encuentro entre san Francisco y el sultán

Durante las celebraciones por el aniversario de los 800 años del encuentro entre Francisco y el sultán al-Malik al-Kamil se ha presentado el libro, editado recientemente por Ediciones Tierra Santa «Francisco y el Sultán en el arte» de Rosa Giorgi, historiadora del arte italiana y directora del Museo de los Capuchinos de Milán, que ha recorrido la historia de la iconografía en este célebre encuentro desde la Edad Media hasta nuestros días.

El volumen lo introduce un ensayo de fray Cesare Vaiani ofm, que describe puntualmente las fuentes internas y externas a la Orden que han tratado este episodio a lo largo del tiempo. De ellas se puede deducir que el encuentro tuvo lugar efectivamente en el 1219, pero los contenidos del diálogo entre Francisco y el sultán siguen siendo desconocidos. «Solo sabemos que el resultado (de la entrevista) fue, a pesar de las expectativas de los contemporáneos y quizás del mismo Francisco, pacífico y marcado por la cortesía del sultán», escribe Vaiani.

«La representación es un testimonio de cómo se recibió el hecho», ha declarado la Dra. Giorgi al comienzo de su presentación, para explicar que las representaciones de este episodio nos cuenta más sobre el momento en el que se realizaron que del episodio en sí.

Y así, en la primera representación existente del tema, dentro del retablo de Bardi (Florencia, Basílica de la Santa Cruz, Capilla de Bardi, alrededor de 1243), el sultán se convierte en un soberano bizantino, probablemente único ejemplo de monarca oriental conocido del autor del retablo, Coppo de Marcovaldo. La representación se basa en la única fuente que el artista podría tener disponible en ese momento, la «Vita Prima» de Tommaso de Celano, y se centra en la efectividad de la predicación que tiene lugar frente a un grupo de musulmanes, y no tanto sobre la violencia sufrida por Francisco antes de llegar al sultán que, a pesar de haber sido transmitido por Tommaso de Celano, no viene representado.

El tono pacífico del diálogo sería abandonado en pocos años, prefiriendo como fuente la biografía de Francisco escrita por san Buenaventura, que narra el episodio de la «prueba del fuego» en la que Francisco desafió a los sacerdotes del sultán. Sin embargo, según Buenaventura, el fuego nunca se encendió porque el sultán rechazó la prueba, pero Giotto (en la Basílica Superior de Asís) y muchos artistas después de él, lo representan, transformando el testimonio de Francisco de la predicación al desafío de los musulmanes.

No faltan representaciones en las que se hace hincapié en la fuerza de la predicación de Francisco: en el antifonario de Budapest (c. 1450), el iluminador vuelve a representar la prueba de fuego, pero poniendo el acento no en el fuego, relegado esta vez al segundo plano, sino sobre el gesto que hace Francisco para ilustrar con el Evangelio a los musulmanes. El santo, de hecho, es representado mientras cuenta con los dedos, acción que en la Edad Media era asociada a aquellos que enseñaban con autoridad. Detrás de Francisco, fray Iluminado tiene las manos cubiertas por las largas mangas del hábito y con ellas sostiene un objeto reconocible como un libro guardado en un estuche: probablemente el Evangelio, que contiene la palabra escrita de Cristo, Verbo encarnado, en apoyo y prueba de lo que Francisco anuncia.

Coppo di Marcovaldo, Francisco predica ante el sultán, c. 1243, Florencia, Basílica de la Santa Cruz, Capilla de Bardi

Giotto di Bondone, Francesco y la prueba de fuego,1289 – 1292, Asís, Basílica Superior de San Francisco

En las representaciones medievales, la hostilidad del pueblo musulmán se vuelve bastante marcada. En Pienza, por ejemplo, en 1380 Cristoforo de Bindoccio, en su ciclo de historias sobre la vida del santo en el interior de la iglesia de san Francisco, llegó a representar al sultán y su séquito como un grupo de judíos, considerados también infieles junto a los musulmanes, pero mucho más conocidos y despreciados en la Toscana del siglo XIV. En España, en un recuadro de la parte inferior de un gran retablo dedicado a la Virgen María, el autor – Nicolás Francés – revela la hostilidad, cerrazón y hostilidad por parte de los musulmanes, representando al sultán como un soberano amenazador, con una espesa barba negra y focalizando la escena en los abusos padecidos por Francisco e Iluminado. Es evidente cómo la interpretación del episodio hecha por la España de mediados del siglo XV está marcada por el miedo al enemigo musulmán, con quien los españoles se enfrentaban en esos años en la península ibérica.

En el Renacimiento, la escena asume en algunos casos connotaciones de una disputa teológica, como en la capilla Sassetti en Santa Trinidad de Florencia, pintada por Ghirlandaio, mientras que después del Concilio de Trento (1545), en lo que Rosa Giorgi llama «la era del gran silencio», el episodio adquiere significados moralizantes (incluso para ilustrar la conversación del sultán, de la cual ninguna fuente habla) o toma prestada la iconografía típicamente tridentina, del martirio, como en el fresco de Pomarancio (Nicolò Circignani) en la iglesia de San Juan de los Florentinos de Roma.

Es a finales del 1700 cuando «se produce la transición entre el gran miedo hacia lo extranjero y la nueva mirada hacia Oriente que lleva a modificar la escena que, de aquí en adelante, olvidará las figuras amenazantes, confrontaciones y desafíos, como la prueba del fuego», escribe Rosa Giorgi a propósito de las representaciones del episodio realizadas en el siglo XVIII. De hecho, los artistas del 1800 e inicios de 1900, fascinados por Oriente y por la pintura histórica, se mostrarán muy interesados en proporcionar realismo al episodio, cuidando al detalle paisajes, vestuario y ambientación de la escena, en lugar de subrayar el clima de hostilidad respirado por Francisco durante el encuentro. Emblemática, en este sentido, es la pintura de Paolo Gaidano de 1898 conservada en el convento de San Salvador de Jerusalén.

El recorrido concluye con las representaciones modernas del episodio, siendo la mayor parte una expresión de diálogo verdadero. Y así, se parte del mosaico sobre el encuentro entre Francisco y el sultán realizado en 2009 por Marko Ivan Rupnik para el santuario de San Giovanni Rotondo en Foggia, donde ambos se encuentran sentados en la misma alfombra, con Francisco explicando la escritura al sultán que, con los brazos abiertos, lo escucha, mientras que en el borde de la alfombra hay comida preparada, símbolo del banquete a compartir en cordialidad; hasta llegar al abrazo representado en el icono de fray Stéphane Martin-Prével, una reinterpretación del episodio según las aspiraciones de paz y fraternidad a las que tiende la humanidad: Francisco y el sultán se abrazan y, como escribe el propio autor: «conscientes de aquello que les divide, dejan que sus corazones hablen y se reconozcan como hermanos». Y, ¿qué hay en el corazón de dos hombres que les permite descubrirse como hermanos?, la presencia de Dios, escrita en letras árabes en el corazón del sultán, y representado como Jesu Cristo encarnado en el corazón de Francisco.